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20 de febrero de 2015

Primer relato: Rita-Part 2 (A Truly Private Hairdresser)

Bueno, por fin tuve tiempo de traducir el resto de la historia. En esta segunda y final parte, dejo el link de la historia original (en inglés) por si alguien desea leerla, y de paso recomiendo la página, que posee muy buenas historias, y además las otras historias del mismo autor. Recuerdo que, para facilitar la comprensión, me tomé algunas libertades con la traducción, y unas pocas con la redacción.
Espero la disfruten

Link: http://www.1hss.com/story/A_Truly_Private_Hairdresser/Rita.aspx

                                                      * * *

Le dije que se desvistiera, quedando sólo en ropa interior. Sin poner objeción alguna, Rita se desvistió, dobló su ropa y la dejó en el sofá. Mantuvo puestas sus sandalias de taco alto y se paró junto al sofá obedientemente, esperando mi siguiente orden, nunca mirándome directamente a los ojos. Con un "sígueme" la guié al lavador y le ordené que se sentara. Colocó su cabeza en el reposadero luego de que le colocara una toalla en los hombros y levantara su cabello, el que descansaba en mis manos. Me dí cuenta, luego, de que su largo cabello llenaba casi completamente el lavador. En ningún momento me miró directamente, en vez de eso siguió con la vista fija en la muralla del frente, obediente y en silencio. La regañé porque su cabello estaba muy largo, y le dije que era una desgracia para la raza femenina; yo iba a arreglar eso...muy rápido. Comenzó a rogarme que no cortara su cabello demasiado, y mi única respuesta fue un "Uhm", a lo que ella respondió con un "Sí, señor. Seré una buena chica, señor". No hizo ningún sonido mientras yo ajustaba la temperatura del agua. Se tensó un poco cuando el agua tocó su cabeza, pero luego se relajó a medida que el lavado avanzaba. Cuando terminé, ella estaba sonrojada y completamente relajada. Mientras pensaba si aplicarle acondicionador o no, otra idea vino a mi mente. Habiendo ya aplicado el acondicionador, le ordené que se arrodillara en el asiento con su cabeza sobre el lavatorio. Siguió la orden, y rápidamente estaba arrodillada mirando el cabello que colgaba enfrente de ella, el cual, en poco tiempo, ya no estaría en su cabeza; y su trasero se alzaba campante y orgulloso. Su trasero rogaba por spanking (nalgadas), y eso fue lo que recibió. El mejor tiempo para "dejar actuar el producto" que he tenido. Lo que siguió fue el enjuague del acondicionador.
Enrollé su cabello en una toalla y, tomándola del codo, la guié (no demasiado amablemente) hasta la silla. Tomé unas correas y amarré sus brazos a los de la silla. Luego tomé otro par de correas y amarré sus tobillos a la base de la silla, separándolas y dejándome ver su humedad, lo que era una evidente señal de que había hecho algo bien. Me levanté y le puse un papel para el cuello, apretado y completamente inservible, ya que no le iba a poner una capa.
Una vez removida la toalla, la peiné no muy delicadamente. No se quejó y siguió mirando al suelo. Peiné su cabello dejando la partidura a un costado, luego lo peiné nuevamente, sosteniéndolo frente a sus ojos, y tomé la máquina con la guarda más pequeña, de unos 4 cm. De esta forma, procedí con la máquina, que rugía al cortar su pelo siguiendo la línea de la partidura. El largo y mojado cabello iba cayendo  poco a poco sobre su regazo., donde debería estar. Cabello mojado cerca de algo más que también estaba mojado.  Ella gemía mientras sentía y veía su cabello caer, sin poder sentir ni saber que tan corto yo había decidido que quedaría.  No podía ver, ya que yo había girado la silla de manera que quedara de espalda al espejo. No podía mover la cabeza, debido a la fuerza con la que yo la sostenía. La máquina volvía a la vida para una segunda pasada, para una tercera y para muchas posteriores. A medida que avanzaba, aumentaba la presión y fuerza con la que sostenía su cabeza, para mantener su mentón pegado a su pecho. Era entretenido, pero terminó demasiado rápido. No pasó mucho hasta que el cabello de la parte superior de su cabeza se alzaba con un largo de 4 cm.  Proseguí cambiando la guarda de la máquina a una más corta...mucho más corta. Agarré un mechón de cabello, alzándolo y tirando de él, para luego cortarlo con la máquina. Los mechones cortados se iban transformando en una herramienta de castigo a medida que los usaba para azotarla con ellos antes de dejarlos en su regazo. Eso me dio más tiempo para disfrutar el corte del resto de su cabello.
Con todo su largo cabello en su regazo, decidí ponerle una capa. Con la máquina con una guarda mucho más corta a las anteriores, comencé nuevamente por su nuca, y removí todo lo que creí necesario. El corte resultó en una sombra de cabello en su línea del cuello, que gradualmente se hacía mas larga hasta llegar a la parte superior. En esta última sección, con la ayuda de una tijera, adelgacé y desfilé lo que quedaba de su largo cabello (que, a la vez, era la sección con el cabello más largo del corte). Los laterales cortos, mezclándose armoniosamente con la parte posterior, y dejando sus orejas completamente descubiertas.
Cuando terminé el corte, con ayuda de algunas cremas peiné su cabello. Yo estaba feliz con el resultado, y ella también. Removí la capa y corté las amarras, liberándola, para luego ordenarle que se pusiera de pie, lo que hizo que sus largos mechones cayeran al piso, lo que fue una razón para ordenarle ponerse de rodillas y recojerlos. Todo el tiempo que estuvo cumpliendo esta última orden, yo azotaba su trasero por olvidar agradecerme. Con un trasero tan rojo como su cabello, pudo vestirse y dejar el salón. La cuenta sería para una próxima vez. No más entrar sin una cita. Una cita especial sería, a la hora en que las cortinas estarían cerradas...

The End


2 comentarios:

  1. Esto sí que me gustó. Particularmente, lavar el pelo de una mujer me resulta la experiencia más sensual que hay. Pero no consigo una voluntaria. Hago propuestas elípticas, pero no logro el propósito.
    Por lo visto, no estoy solo en el mundo.

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    Respuestas
    1. yo he buscado una voluntaria por meses es muy dificil encotrar mujeres con los mismos fetiches que uno.

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