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17 de enero de 2015

Primer relato: Rita-Part 1 (A Truly Private Hairdresser)

En vista de que he estado un poco falta de inspiración este último tiempo, ya que las entradas ya no me salen de un tirón, decidí traducir y publicar una de mis historias favoritas mientras trabajo en una entrada que tengo en borrador. Lo que más me gusta de esta historia, aparte de que mezcla la tricofilia con la dominación, es que (según la descripción en el sitio original y la declaración del autor) es completamente real, al igual que el resto de las historias del mismo autor. El autor es un peluquero que se dedica a complacer los "extraños" pedidos que le hacen sus clientas. 
Me hubiera gustado cambiarla a "diálogos", pero para eso necesitaba más tiempo. Esto es lo que traduje en una tarde de aburrimiento, y como la historia es más menos larga (esta es la mitad), decidí publicar la primera parte inmediatamente.
El link ( por si alguien prefiere leer la historia original (en inglés), ya que me tomé la libertad de cambiar algunos términos y un poco la redacción para mejorar y facilitar la comprensión de la historia) lo incluiré cuando publique la segunda parte.



                                                      * * *

Un martes en la mañana, entre dos citas, una chica entró. Quizás no era nada especial o muy complicado, pero sólo trabajo por citas.
Ella era una hermosa pelirroja, con su larga melena bajando por sus hombros hasta la mitad de su espalda ,con ondas naturales, en el final de sus veinte, con unos ojos verdes realmente fuertes. La saludé y ella preguntó si era posible que cortara su cabello. Le dije que no habría ningún problema y tomé mi agenda para acordar una fecha, pero ella rápidamente agregó que necesitaba que fuera hoy. Me sobresalté un poco ante la prisa que ella tenía, y le expliqué que yo sólo trabajaba por citas y hoy tenía agenda llena. Se desanimó. La invité a sentarse en el sofá y le llevé un chocolate caliente. Mientras este se enfriaba, le expliqué cómo transformaba un corte de pelo en una experiencia agradable para mis clientes. Ella escuchó, pero claramente no estaba prestando atención, estaba preocupada por algo. La confronté preguntándole por qué necesitaba con tanta urgencia que el corte fuera hecho hoy. Al principio se mostró reacia a contestar, pero luego de contarle, de manera muy general, lo que algunos clientes me pedían hacer, terminó respondiendo mi pregunta,
Era una sumisa y había encontrado un nuevo Amo, pero él le había pedido una prueba de lealtad y dedicación antes de aceptarla. Ella necesitaba cortarse el cabello...corto, hoy y sólo en mi salón. Ese hombre debe haber estado leyendo mi agenda, porque hoy no tenía horas disponibles. No había forma de hacer un hueco para atenderla ese día. Como soy de corazón blando, comencé a buscar otras posibles instancias ...¿O eran mis ansias de cortar esa hermosa, bien mantenida, larga y brillante melena roja? Ambas, supongo. Entonces le propuse que volviera a la hora del cierre del salón, cerca de las ocho. Sus ojos se iluminaron, porque su Amo había fallado en especificar una hora determinada, y las ocho de la tarde seguían siendo hoy. Mi próxima clienta llegaría en cualquier momento, por lo que debía terminar la conversación, ya que la privacidad es muy importante para mis clientes. Pero mi pelirroja ya se había levantado del sofá, despidiéndose y diciendo que estaba bien, que a las ocho en punto sería. Decidida, impulsiva y desinteresada sobre lo que costaría o sobre la forma en que sería el "procedimiento", dejó el salón. Ni siquiera mencionó su nombre. Yo estaba un poco sorprendido y me preguntaba si volvería a verla ese día. Lleve la taza que ella dejó a la cocina y comencé a preparar todo para mi próxima clienta.

Luego de mis citas regulares, cerré el salón y comí mi cena...quizás un poco rápido, pero necesitaba hacer algunas cosas antes de las ocho.
Justo había terminado a las ocho en punto cuando alguien golpeó la ventana. Miré y vi a la pelirroja parada afuera, un poco desorientada... y  ansiosa. Luego de abrir la puerta, ella entró con una mirada que reflejaba vergüenza. Cerré las cortinas que antes había dejado abiertas para que entrara un poco de luz. Cuando voltee la mirada, ella seguía parada en la puerta, con su abrigo aún puesto y sin saber que hacer, así que me acerqué a ella, guardé su abrigo y le ofrecí algo para tomar. Un poco de agua sería... y sí  que la necesitaba. Luego de dejar el vaso de agua en la mesa, casi lo bebió completamente. Producto de los nervios, supongo. Acomodó su largo cabello sobre su hombro derecho y, dubitativa, explicó que su Amo no había especificado que tan corto debía quedar su cabello, así que prefería que quedara lo más corto posible. Pensó, durante las horas de espera fuera del salón, que quizás un corte a máquina (con la guarda más corta posible) bastaría. Le expliqué que ese no era un corte para mí, ya que es algo que su Amo podría haber hecho él mismo. Cualquiera puede pasar una maquina por la cabeza de otra persona. No, eso no era lo que su Amo había pensado.
Luego pensé en algo muy corto, como un corte masculino, con nuca y lados a máquina, pero algo "más corto" no sería apropiado para ella, y probablemente tampoco para su Amo. En ese momento me dí cuenta de que aún no sabía su nombre, así que pregunté. Rita fue la respuesta, pero podía llamarla como quisiera, ella me obedecería. Cualquier cosa que yo creyera que se debe hacer o que me complaciera, ella la haría inmediatamente. Yo era la herramienta elegida por su Amo, por lo que debía obedecer todo lo que dijera. Tener carta blanca para un nuevo corte de pelo es una cosa...tener completa carta blanca, otra. Mientras le decía que estaba bien, mi cerebro corría a mil. Ya tenía la oportunidad de cortar (corto) su largo cabello, y podría usar la máquina...¿que más podría querer? Para que ella disfrutara, necesitaba estar amarrada mientras le cortaba el cabello, eso me parecía obvio, pero ¿que podría pedir para mí? Tuve una idea, pero para eso necesitaría otra mujer... muy tarde para eso. Ansioso por llegar al momento del corte, sólo dije que quería que ella fuera humilde. Debía mantener la mirada baja todo el tiempo, con su cabeza un poco gacha, para que sus párpados parecieran parcialmente cerrados todo el tiempo. Obedeció inmediatamente y respondió con un "Sí, Señor". Luego le ordené que de vez en cuando pidiera que no cortara su cabello muy corto. Sin levantar su cabeza, inocentemente preguntó si el corte que le haría sería muy corto. Era buena...muy buena, comenzó a jugar su papel perfectamente desde el momento en que se lo pedí. Mi respuesta fue que cortaría su pelo tan corto como quisiera, y cualquier objeción sería castigada con un corte incluso más corto del que tenía en mente.


To be continued...

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