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21 de febrero de 2015

Historia de un lector

Como le prometí a euro141doc09tc83, uno de los lectores del blog con el que tuve el agrado de conversar, publicaré su historia con la tricofilia, su descubrimiento y desarrollo del fetiche.
Lo que publicaré, es textualmente lo que él me envió. Espero ayude a muchos otros a entender sus fetiches, ya sea tricofilia o algún otro.


                                                      * * *
Recuerdo cuando yo era un niño que iba al colegio, mi madre me obligaba a cortarme el pelo cada dos meses y no me gustaba nada porque en primer lugar no me gustaba el hecho de verme con menos pelo, tampoco la sensación de que me pasasen la navaja por ciertas partes y mucho menos tener que aguantar a todo el mundo diciéndome que si me había cortado el pelo. Como de niño se tiene envidia por todo, yo envidiaba a las niñas porque ellas no solían pasar por estas cosas , ya que algunas se cortaban de melena a media melena pero una vez al año como mucho y la mayoría podían llevar el pelo tan largo como quisieran sin que sus padres le dijesen nada. Además, como de niños tenemos más tendencia a ser egocéntricos, eso me lo tomé como una rivalidad entre chicos y chicas, porque lo interpretaba como que las niñas podían llevar el pelo tan largo como quisieran y yo, como niño, no podía dejarmelo largo porque cada dos meses mi madre me llevaba obligado a la peluquería a cortármelo. En aquel entonces lo interpreté como que las chicas eran las que podían decidir el largo de su pelo (por ellas mismas) pero también el de los chicos (por mi madre). Ese egocentrismo en aquel momento hacía que fuese mucho más fácil que me cayese bien una chica de pelo corto que una de pelo largo, porque la de pelo largo tenía para mí el handicap de que, como las chicas deciden tanto su largo como el de los chicos, me tomaba como un ataque que hubiesen decidido que ella tenga el pelo largo y yo corto. 
Llegué a una edad en que mi madre me dejaba cierta libertad, es decir, no le parecía bien que yo no fuese a cortarme el pelo cada dos meses, pero ya no me obligaba a ir, así que estuve más de un año sin irme a cortar el pelo. Durante ese tiempo mucha gente, especialmente mujeres, entre ellas mi madre, mi tía, mi abuela y algunas compañeras de clase me decían de vez en cuando: deberías cortarte el pelo. A mí me sentaba fatal que me dijesen eso. Pero un día, cuando en tve1 empezaron a emitir los primeros programas de Gente en Cartelera, cuando era a las 14:30 justo antes del telediario, emitieron un vídeo que hoy, más de 15 años después, estoy deseando volver a ver. En él aparecían dos chicas de pelo largo y un chico que tenía también el pelo algo largo. Entre las dos le sentaron en una silla y una de ellas sacó una maquinilla y rapó al chico al cero y justo después de acabar de raparle, empezó a besarle y el video acabó así. En ese beso se cruzó la estrecha línea que hay entre el amor y el odio y mis tendencias cambiaron totalmente de odiar que las chicas decidan llevar el pelo largo y no permitirselo a los chicos a que eso me excitase. Y cuando, después de un año, me fui a cortar el pelo, me vio una de mis compañeras de clase que me había sugerido que yo me lo cortase. Todavía recuerdo los 10 metros que ella anduvo sonríendome, luciendo su melena y ella encantada de mi corte de pelo. Me pareció excitante. Por otra parte, aunque a mí sí que me excita mucho pensar en sexo, me excitó más ver ese vídeo que ver porno (y hoy en día me sigue pasando).
Empecé a sentirme otra persona, pasé a ser un chico al que le excitaba que las chicas "abusasen" a la hora de decidir como llevan ellas el pelo y como lo llevamos los chicos. También recuerdo otras dos experiencias excitantes, ambas de ellas relacionadas con compañeras de clase, hasta chicas que en principio no me parecían nada atractivas. Pero como me excitó ver a una chica de mi clase por primera vez con el pelo teñido de rojo. Pese a no haberme parecido atractiva nunca antes, fue la primera chica de mi edad a la que, de un día para otro, pasé de verla con su pelo al natural a verla teñida de rojo. En ese momento, pese a que ya no estaba obligado a cortame el pelo, teñirme era algo inalcanzable para mí (ni tenía dinero ni lo aceptaría mi madre), pero ya me excitaba que una chica me transmitiese el mensaje "miro como llevo yo el pelo y tú no lo puedes llevar así", ¡qué más quiero! Otra chica de mi clase me la encontré en una sala de recreativos y, luciendo ella su melena, se encontró a un chico que conocía, que llevaba la cabeza rapada y empezó a frotarle la cabeza y yo también estaba excitado, exactamente por la misma razón.
El paso que acabó completamente con la rivalidad que existía en mi mente con las chicas por la longitud del pelo fue cuando empecé a ir a los pub. Hasta entonces, todavía no me había desvinculado por completo del concepto de ver a las chicas de pelo largo como unas rivales que deciden llevar su pelo largo para que yo me muera de envidia al ver que ellas lo pueden llevar así y yo no, pero como en un pub se conocen muchas chicas, me di cuenta que había muchas que, en primera impresión, me parecían simpáticas y me agradaba estar ese momento con ellas y había chicas simpáticas tanto como de pelo corto como de pelo largo hasta la cintura.
A partir de entonces, mi fetiche fue tomando forma y cada característica que veía en una mujer transmitiéndome el mensaje "miro como llevo yo el pelo y tú no lo puedes llevar así" me excitaba más y más. Uno de los recuerdos que tengo que excitó sobremanera fue ver a una pareja en que la mujer llevaba el pelo largo hasta casi la rodilla y el hombre iba rapado al cero.
Cuando, por primera vez, me animé a raparme, al no tener novia (ni amigas dispuestas a hacérmelo), intenté recurrir a una peluquera que se acercase lo máximo posible a mi ideal de mujer para mi fetiche. Como tampoco conocía ninguna con esas características, me basaba en observar a las peluqueras cuando pasase por las peluquerías. Un día, al pasar por una, vi a una peluquera que llevaba el pelo largo y teñido de rojo. Entonces pensé: esta va a ser la elegida para raparme. Como no quería que mi madre se enterase de que me iba a rapar, decidí esperar al día que iba a salir hacia el extranjero para pasar allí 2 meses, así no se enteraría mi madre. Cuando llegó ese día, me fui a esa peluquería, pero no entré porque la peluquera de pelo rojo no estaba. Me di una vuelta alrededor, en búsqueda de otra peluquera cercana a mi ideal y, lo mejor que vi por la zona fue una peluquería con muchas peluqueras (y ningún peluquero), así que probé suerte. Iba a raparme de todas formas, no iba a echarme atrás, así que en principio dije que quería cortarme el pelo y, cuando la peluquera me preguntó como lo quería le dije que rapado. No tuve mala suerte del todo con la peluquera que me tocó pero podría haber sido mejor. Era de mi edad, con media melena teñida de rubia. Sé que peor hubiese sido una mucho mayor o con el pelo corto, pero seguía distando de mi ideal.  Pero de todas formas, también me paso algo tremendamente excitante. Cuando la peluquera estaba casi acabando de raparme, pasó una empleada de la peluquería que se dedicaba a la parte de los rayos UVA. Ella tenía el pelo largo y teñido de rojo e iba con una clienta a la zona correspondiente. Cuando llegó a la zona donde yo estaba, se paró unos segundos a unos tres metros y me miró fijamente durante esos segundos, tiempo que le hizo esperar a su clienta. Ahí intenté adivinar su pensamiento, que posiblemente sería: "¡Qué guapo ese hombre con la cabeza rapada!". En ese momento rogué a Dios que cuando yo saliese de la peluquería saliese ella también para poder invitarla a comer antes de irme al extranjero. Pero obviamente, eso no pasó. Habría sido mucha suerte que se diese esa casualidad.
Es curioso el hecho de que cuando yo era pequeño, odiaba que mi madre decidiese que yo llevase el pelo corto y me sentaba mal que, al no poder llevar yo el pelo largo, ver a chicas que lo llevasen así; pero ahora de mayor me excita que una chica atractiva de pelo largo decida que un chico vaya rapado.

20 de febrero de 2015

Primer relato: Rita-Part 2 (A Truly Private Hairdresser)

Bueno, por fin tuve tiempo de traducir el resto de la historia. En esta segunda y final parte, dejo el link de la historia original (en inglés) por si alguien desea leerla, y de paso recomiendo la página, que posee muy buenas historias, y además las otras historias del mismo autor. Recuerdo que, para facilitar la comprensión, me tomé algunas libertades con la traducción, y unas pocas con la redacción.
Espero la disfruten

Link: http://www.1hss.com/story/A_Truly_Private_Hairdresser/Rita.aspx

                                                      * * *

Le dije que se desvistiera, quedando sólo en ropa interior. Sin poner objeción alguna, Rita se desvistió, dobló su ropa y la dejó en el sofá. Mantuvo puestas sus sandalias de taco alto y se paró junto al sofá obedientemente, esperando mi siguiente orden, nunca mirándome directamente a los ojos. Con un "sígueme" la guié al lavador y le ordené que se sentara. Colocó su cabeza en el reposadero luego de que le colocara una toalla en los hombros y levantara su cabello, el que descansaba en mis manos. Me dí cuenta, luego, de que su largo cabello llenaba casi completamente el lavador. En ningún momento me miró directamente, en vez de eso siguió con la vista fija en la muralla del frente, obediente y en silencio. La regañé porque su cabello estaba muy largo, y le dije que era una desgracia para la raza femenina; yo iba a arreglar eso...muy rápido. Comenzó a rogarme que no cortara su cabello demasiado, y mi única respuesta fue un "Uhm", a lo que ella respondió con un "Sí, señor. Seré una buena chica, señor". No hizo ningún sonido mientras yo ajustaba la temperatura del agua. Se tensó un poco cuando el agua tocó su cabeza, pero luego se relajó a medida que el lavado avanzaba. Cuando terminé, ella estaba sonrojada y completamente relajada. Mientras pensaba si aplicarle acondicionador o no, otra idea vino a mi mente. Habiendo ya aplicado el acondicionador, le ordené que se arrodillara en el asiento con su cabeza sobre el lavatorio. Siguió la orden, y rápidamente estaba arrodillada mirando el cabello que colgaba enfrente de ella, el cual, en poco tiempo, ya no estaría en su cabeza; y su trasero se alzaba campante y orgulloso. Su trasero rogaba por spanking (nalgadas), y eso fue lo que recibió. El mejor tiempo para "dejar actuar el producto" que he tenido. Lo que siguió fue el enjuague del acondicionador.
Enrollé su cabello en una toalla y, tomándola del codo, la guié (no demasiado amablemente) hasta la silla. Tomé unas correas y amarré sus brazos a los de la silla. Luego tomé otro par de correas y amarré sus tobillos a la base de la silla, separándolas y dejándome ver su humedad, lo que era una evidente señal de que había hecho algo bien. Me levanté y le puse un papel para el cuello, apretado y completamente inservible, ya que no le iba a poner una capa.
Una vez removida la toalla, la peiné no muy delicadamente. No se quejó y siguió mirando al suelo. Peiné su cabello dejando la partidura a un costado, luego lo peiné nuevamente, sosteniéndolo frente a sus ojos, y tomé la máquina con la guarda más pequeña, de unos 4 cm. De esta forma, procedí con la máquina, que rugía al cortar su pelo siguiendo la línea de la partidura. El largo y mojado cabello iba cayendo  poco a poco sobre su regazo., donde debería estar. Cabello mojado cerca de algo más que también estaba mojado.  Ella gemía mientras sentía y veía su cabello caer, sin poder sentir ni saber que tan corto yo había decidido que quedaría.  No podía ver, ya que yo había girado la silla de manera que quedara de espalda al espejo. No podía mover la cabeza, debido a la fuerza con la que yo la sostenía. La máquina volvía a la vida para una segunda pasada, para una tercera y para muchas posteriores. A medida que avanzaba, aumentaba la presión y fuerza con la que sostenía su cabeza, para mantener su mentón pegado a su pecho. Era entretenido, pero terminó demasiado rápido. No pasó mucho hasta que el cabello de la parte superior de su cabeza se alzaba con un largo de 4 cm.  Proseguí cambiando la guarda de la máquina a una más corta...mucho más corta. Agarré un mechón de cabello, alzándolo y tirando de él, para luego cortarlo con la máquina. Los mechones cortados se iban transformando en una herramienta de castigo a medida que los usaba para azotarla con ellos antes de dejarlos en su regazo. Eso me dio más tiempo para disfrutar el corte del resto de su cabello.
Con todo su largo cabello en su regazo, decidí ponerle una capa. Con la máquina con una guarda mucho más corta a las anteriores, comencé nuevamente por su nuca, y removí todo lo que creí necesario. El corte resultó en una sombra de cabello en su línea del cuello, que gradualmente se hacía mas larga hasta llegar a la parte superior. En esta última sección, con la ayuda de una tijera, adelgacé y desfilé lo que quedaba de su largo cabello (que, a la vez, era la sección con el cabello más largo del corte). Los laterales cortos, mezclándose armoniosamente con la parte posterior, y dejando sus orejas completamente descubiertas.
Cuando terminé el corte, con ayuda de algunas cremas peiné su cabello. Yo estaba feliz con el resultado, y ella también. Removí la capa y corté las amarras, liberándola, para luego ordenarle que se pusiera de pie, lo que hizo que sus largos mechones cayeran al piso, lo que fue una razón para ordenarle ponerse de rodillas y recojerlos. Todo el tiempo que estuvo cumpliendo esta última orden, yo azotaba su trasero por olvidar agradecerme. Con un trasero tan rojo como su cabello, pudo vestirse y dejar el salón. La cuenta sería para una próxima vez. No más entrar sin una cita. Una cita especial sería, a la hora en que las cortinas estarían cerradas...

The End